Hoy, despues de leer el Evangelio del día: Juan 3, 16-21, en el que se dice
que Dios no mandó a su Hijo para juzgar al mundo, pienso la de veces
que juzgamos nosotros, que no somos nadie, las conductas ajenas; que pensamos mal, así, porque si. Y no aceptamos que nadie nos juzgue, porque no creemos dar motivo para ello. Como el fariseo que se creia mejor que aquel pobre que rezaba humildemente.
Encuentro en los sermones de San Antonio, el de La brizna en el ojo del hermano, que dice grandes verdades.
Inserto un vídeo muy apropiado, y en la página de literatura, etc, un cuento
que sigue abriendo los ojos a los mal pensados.