PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO
Día 29 de febrero
El rico que se nombra en la parábola de hoy no era malo, estaba enfermo: aquejado de mundanidad. Y la mundanidad transforma las almas, les hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, que ellas mismas crean. La mundanidad anestesia el alma, y por eso aquel hombre mundano no era capaz de ver la realidad… Hay mucha gente que lleva su vida de forma difícil, pero si tengo un corazón mundano, nunca lo entenderé. Después de todo, con un corazón mundano es imposible comprender las necesidades de los demás… Este es, pues, el juicio final: no hay nada más traicionero para un corazón y difícil de curar: aquel hombre tenía un corazón enfermo, tan maltratado por este estilo de vida mundano que era muy difícil de sanar…