Insiste Francisco sobre lo necesario de la humildad en todo buen cristiano; cierto que el amor propio es muy difícil de ignorar para poner en primer el del amor a Dios a quien no vemos, como a nuestros padres o hijos;pero los santos sí lo consiguen porque si no lo han visto, sí lo han sentido muy cerca de ellos, unido a ellos o a ellas.