“De hecho, «si nosotros nos convertimos en cristianos sensatos, cristianos sociales, de beneficencia solamente, ¿cuál será la consecuencia? Pidamos al Señor «no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la cruz». E implorar a Dios la sabiduría, la inteligencia «para no dejarse atrapar por el espíritu del mundo.”