Cuando era niña vi CAPITANES INTRÉPIDOS y lloré. Hace unos días la he vuelto a ver y he vuelto a llorar. Emociona de verdad la relación que se establece entre un pescador que no sabe leer ni escribir pero que guarda un recuerdo lleno de admiración y cariño hacia su padre muerto y que sabe transmitir esta sensibilidad a un niño muy lejos de admirar a un padre con quien no tiene apenas trato, pero que le da toda clase de caprichos.
Parece casi un milagro que este niño haya sido pescado por este hombre al caer al mar desde un transatlántico.
Parece también un milagro la transformación de este niño adoptado por el pescador. De repelente y soberbio, se vuelve sensible, sabe lo que es la amistad, el dolor, el recuerdo, la generosidad.