Me parece`precioso este Salmo 23 es mi preferido y lo repito muchas veces porque me lo sé de memoria.
Hace muchos años sufrí una operación que me tuvo hospitalizada más de un mes. Una madrugada me bajaron a los sótanos para hacerme unas radiografías. Mientras el camillero me empujaba por pasillos helados yo iba rezando: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú, estás conmigo,tu vara y tu cayado me sosiegan…”
Me hicieron varias radíografía, de pié, descalza sobre el suelo frío.
Estaban varios enfermeros metidos en la cabina donde las revelaban, supongo, y reían y reían ¡tenían una juega! Y volvían a hacerme más porque habían salido mal. Sucedió varias veces, hasta que al pretender hacerme otra ¡otra vez! me oí decir:¡¡No!!
-¿Qué dice?
– Que no, que no me hacen más…
Y me volvieron a subir. A la mañana siguiente me preguntaban que qué había sucedido y no solté prenda. Me insistieron en que me las tenían que hacer y cedí y la cosa se llevó a cabo con toda seriedad, aunque quedó el misterio de lo que podía haber pasado allá abajo.
EL SALMO 23 (22)
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes oraderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo
Tu vara y tu cayado me sosiegan;
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos,
me unges la cabeza con perfumes
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
P. Eduardo Sanz de Miguel, o. c. d.Si lo queréis leer completo, entrar en: http://www.mercaba.org/Eduardo/orar_con_el_salmo_23.htm
