PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO
Día 31 de octubre
Jesús compara el Reino de Dios con el grano de mostaza plantado en el jardín. Esperemos a que crezca. No vamos todos los días a ver cómo va, porque si no nunca crecerá, porque, como dice Pablo, “la esperanza necesita paciencia”. Es la paciencia de saber que nosotros sembramos, pero es Dios quien da el crecimiento… No es fácil vivir en la esperanza, pero yo diría que debería ser el aire que respira un cristiano, un aire de esperanza… La esperanza, sí, es verdad, nos da seguridad: la esperanza no defrauda. Nunca. Si tienes esperanza, no te decepcionarás. Debemos estar abiertos a esa promesa de Yahveh, inclinarnos hacia esa promesa, pero sabiendo que está el Espíritu que actúa en nosotros.
Día 30 de octubre
Jesús, cura y anima a ir adelante, pero esto desencadena la crítica de los doctores de la ley, porque la curación se pdujo un día sábado. Una historia que también se produce tantas veces hoy… Y cuántas veces hoy en las comunidades cristianas encuentra las puertas cerradas: “Pero tú no puedes, no, tú no puedes. Te equivocaste aquí y no puedes. Si quieres venir, ven a la Misa el lunes, pero permanece ahí, y no hagas nada más”… A mí esto me causa dolor, la Iglesia tiene siempre las puertas abiertas. Es la casa de Jesús y Jesús recibe. Pero no solo recibe, también va a encontrarse con la gente… Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿Le reprocha porque esté herida? No, viene y la lleva sobre sus hombros. Y esto se llama misericordia.
Día 29 de octubre
Jesús quiere hacer entender que, sin el amor a Dios y al prójimo, no hay verdadera fidelidad a esta Alianza con el Señor. Puedes hacer muchas cosas buenas, cumplir muchos preceptos, muchas cosas buenas, pero si no tienes amor, esto no sirve para nada… Al responder a los fariseos que le cuestionan, Jesús también intenta ayudarles a poner en orden su religiosidad, a distinguir lo que realmente importa de lo que es menos importante. Jesús dice: “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas” (Mateo 22,40). Son los más importantes, y los otros dependen de estos dos. Y Jesús vivió su vida precisamente de esta manera: predicando y practicando lo que realmente importa y es esencial, es decir, el amor