A Juan, el apóstol amado por Jesús, se le atribuye el cuarto Evangelio. Las tres Cartas y el Apocalipsis provienen de la tradición de las Iglesias joánicas. Fue el más longevo de los Doce y no murió mártir, pues pasó el resto de su vida en Éfeso, junto a la Virgen María, que Jesús le había confiado.