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PASATIEMPOS RELIGIOSOS – LA CLAVE CIFRADA de San Pedro


Rosa - 29/06/2025 - 0 comments

Los santos que celebramos hoy dieron este paso y se convirtieron en testigos. El paso de la opinión a tener a Jesús en el corazón: testigos. No eran admiradores, sino imitadores de Jesús. No eran espectadores, sino protagonistas del Evangelio. No creyeron de palabra, sino con obras. Pedro no habló de misión, vivió la misión, era pescador de hombres; Pablo no escribió libros cultos, sino cartas vividas, mientras viajaba y daba testimonio. Ambos gastaron su vida por el Señor y por sus hermanos. Y nos provocan. Porque corremos el riesgo de quedarnos en la primera pregunta: dar pareceres y opiniones, tener grandes ideas y decir bonitas palabras, pero nunca jugándonosla. Y Jesús quiere que nos la juguemos. ¡Cuántas veces, por ejemplo, decimos que nos gustaría una Iglesia más fiel al Evangelio, más cercana a la gente, más profética y misionera, pero luego, en la práctica, no hacemos nada! Es triste ver que muchos hablan, comentan y debaten, pero pocos dan testimonio. Los testigos no se pierden en palabras, sino que dan frutos. Los testigos no se quejan de los demás ni del mundo, empiezan por sí mismos. Nos recuerdan que Dios no ha de ser demostrado, sino mostrado, con el proprio testimonio; no anunciado con proclamas, sino testimoniado con el ejemplo. Esto se llama “poner la vida en juego”.

Sin embargo, al mirar la vida de Pedro y Pablo, puede surgir una objeción: ambos fueron testigos, pero no siempre ejemplares: ¡eran pecadores! Pedro negó a Jesús y Pablo persiguió a los cristianos. Pero, aquí está el punto, también testimoniaron sus caídas. San Pedro, por ejemplo, podría haber dicho a los evangelistas: “No escriban los errores que he cometido”, hagan un Evangelio for sport. Pero no, su historia sale sin ambages de los Evangelios, con todas sus miserias. Lo mismo dígase de san Pablo, que en sus cartas habla de errores y debilidades. Aquí es donde comienza el testigo: desde la verdad sobre sí mismo, desde la lucha contra su propia doblez y falsedad. El Señor puede hacer grandes cosas a través de nosotros cuando nos tiene sin cuidado defender nuestra imagen, pero somos transparentes con él y con los demás. Hoy, queridos hermanos y hermanas, el Señor nos interpela. Y su pregunta es la misma: ¿Quién soy yo para ti? Nos excava dentro. A través de sus testigos Pedro y Pablo nos estimula a quitarnos las máscaras, a renunciar a las medias tintas, a las excusas que nos vuelven tibios y mediocres. Que Nuestra Señora, Reina de los Apóstoles, nos ayude en esto y encienda en nosotros el deseo de dar testimonio de Jesús.