“Señor, me enseñarás el sendero de la vida”, dice el salmo 15, 1-11.
Creo que cada uno de nosotros tiene un camino que ha de seguir en la
vida. Es muy difícil que siempre sea llano, luminoso, alegre. Que no
se tropiece y hasta se caiga, porque hay una piedra en el camino.
Lo importante es saber hacia dónde se va o hacia dónde se desea
llegar. Si se tienen metas, lo ideal sería conseguirlas, pero si hay trabas,
si se pierde el esfuerzo que se necesita, la buena voluntad y la valentía
para seguir adelante, pues a sentarse para descansar y pensar.
Si nos damos cuenta de que era demasiado lo que se pretendía, habrá
que aceptar lo que nos sobrepasa sin desesperación, o reponer
fuerzas, tomar vitaminas, poner remedios a nuestro alcance, no al
de los demás. El camino es cosa de cada uno de nosotros.