Después de su pérdida, le dedique, con motivo del centenario de la
muerte de San Pedro de Alcántara, un trabajo que hice de la vida
del santo en 70 pasatiempos.
Si entráis en: www.franciscanosdecastilla.org, y marcáis la revista
Santuario, mes de marzo abril, podéis saber mucho más de Fray Jesús, vida y testimonios.
Os copio la reseña del libro sobre su vida a continuación:
FRAY JESÚS DE LA CRUZ. Vida oculta de un místico
“Fray Jesús de la Cruz, tal como queda reflejado en estas páginas del padre Arsenio Muñoz, es uno de esos frutos de santidad, no siempre suficiente conocido, del frondoso árbol que plantó San Francisco de Asís en la Iglesia. Nacido en Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1911, con el nombre de Carlos, de padres españoles, a los dos años quedó huérfano de padre y madre, y lo llevaron a Arévalo, España, donde su abuela paterna, Engracia, se encargó de educarlo.
Su juventud se encuadra en lo que por los años veinte de la España
católica era normal: Acción Católica, Adoración Nocturna, cercano a la vida de la parroquia.
En l935 ingresó en el convento franciscano de Arenas de San Pedro, y, después de las vicisitudes de la persecución religiosa en la guerra civil, pudo continuar su noviciado y profesión. De 1944 a 1988, desempeñó varios cargos en conventos de Madrid, Pastrana y regresó a Arenas, donde murió santamente el jueves santo de 1998.
Estamos, pues, ante un personaje de nuestro tiempo.
Y este personaje es un santo de pies a cabeza, como dijo de él el cardenal primado don Marcelo González.
Monseñor Ricardo Blázquez le hacía exclamar: “Viendo a fray Jesús me resultaba muy fácil imaginar a San Pedro de Alcántara. Dios le había creado un corazón humilde, sensible y generoso”. En fray Jesús sobresale su amor a la Eucaristía, su devoción a la Virgen y su amor al prójimo.
Es un santo franciscano de nuestros días, a la espera de que lo declare oficialmente la Iglesia. Un ejemplo de vida en Cristo. Para todo cristiano que lea estas páginas es una invitación a seguir más de cerca de Jesús, el Dios que se hizo hombre para que los hombres seamos dignos hijos de Dios”. Contraportada del libro, escrita por José
A. Matínez Puche, o.p. Edibesa.